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sábado, 7 de julio de 2012

El príncipe de la soledad, de Adam J. Oderoll


Disfrazada de novela, El príncipe de la soledad  es una poesía dedicada al heroísmo, al valor, a la lealtad, a la amistad y, aunque muy discretamente, al amor. Leí en otra reseña que es un libro ideal para recordar al héroe que en la adolescencia todos llevamos dentro, y estoy totalmente de acuerdo, la novela revive ese mundo fantástico con el que soñábamos  cuando alguna vez fuimos adolescentes, donde cabían las heroínas y los héroes  y siempre estaba presente ese sentimiento tan difícil de hallar en nuestros peores momentos: el valor.
En la mente, que no en el corazón, de un adolescente siempre existe el valor, aunque sea sólo como una palabra, como algo inalcanzable, porque en esa época se sueña con ser un héroe, y todos los héroes son valientes, o por lo menos eso es lo que se cree, lo que a un adolescente le gusta creer. Hace falta valor a veces para hacer lo que queremos hacer, y más valor para hacer lo que no queremos hacer, aunque está mejor dicho por uno de los personajes del libro:

No era lo que quería hacer, pero era lo que tenía que hacer. Cuando las circunstancias te orillan a hacer algo que no deseas, y no tienes la opción de evadirte,  sólo queda hacer las cosas bien, sea lo que sea.

El príncipe de la soledad, Albram Dorogant, el personaje que le da titulo al libro, es un joven solitario porque sencillamente, para aquellos  que se ven obligados a tolerarlo, no debió nacer. El resultado de esa hostilidad es un hombre con apariencia de ángel, muy solitario, que a todos desprecia y cuestiona incluso las filosofías más arraigadas, las que algunos creen incuestionables. Veamos:

—Creo que me habían hablado de ello, pero no me ha interesado nunca —reconoció Albram—. La historia es una estupidez.
—Señor, la historia es muy importante —dijo Bego más contrariado aún—, y más para un juez. El que la conoce evita cometer los errores que ya se han cometido.
Albram rió en un tono que molestó a Bego, y dijo:
—No se equivoque, general, los idiotas cometerán siempre errores aunque conozcan a la perfección la historia.

Como reflejan las líneas de arriba, Oderoll es un filósofo más que un novelista, pero gracias a que ha sabido meter sin necesidad de forzar nada su filosofía en los diálogos de sus personajes, también ha conseguido lograr una brillante novela, digna de ser leída lentamente, porque ésta es literatura de la buena.
El argumento de la novela gira alrededor de una especie de seres iguales a los humanos, pero fuertes y muy sabios, aristócratas, se llaman ellos, que tienen siervos, seres un poco más débiles, a los que no tratan ni bien ni mal, pero les exigen ciega lealtad y total ausencia de libre albedrío.
La sed de los aristócratas sólo puede ser saciada con un agua especial, escasa, a la que protegen como algo sacro. El problema inicia cuando el agua se termina. Entonces sólo queda una opción: esa agua puede ser sustituida con la sangre de los que ellos llaman inferiores, es decir, los humanos, a los que nunca antes habían molestado, pero dadas las circunstancias… Y eso le dio pretexto al autor para más filosofía, de la que se halla casi en cada párrafo:

—Está justificado por la sabiduría nuestro deseo de existir, pero no lo está el de atacar a los inferiores sin que ellos sean nuestros enemigos. No se puede agredir a alguien que nunca te ha hecho daño.

No creo que haga falta decir que recomiendo este libro. Ya he dicho lo que tenía que -y podía- decir de él. Revelar más detalles sobre el argumento podría ser un crimen que algún lector tal vez no me perdonaría. He preferido citar sólo algunas partes de esta obra filosófica y, por qué no decirlo, también maestra.

¿Qué es lo mejor del libro?
Sencillamente... todo: los misterios, los muy bien diseñados personajes y, lo que a mí más me gustó, la filosofía que el autor nos regala a lo largo de toda la novela.
¿Se lee rápido?
Sí, es una novela no muy extensa y engancha tanto que es difícil dejar de leerla.
¿Tiene algunos defectos?
Ya ayer reseñé un libro sin defecto alguno. Éste es otro. Y vaya que es difícil leer dos buenos libros seguidos.
¿A quién podría gustarle?
A adolescentes y adultos, quizás por razones diferentes, y en general a cualquiera que desee disfrutar de una extraordinaria novela.
¿Deja algún mensaje?
Bastantes. Ya cité algunas partes para dar una muestra de lo que le espera al lector.
¿Se merecería ganar un premio?
Si esta novela no se merece varios, sería difícil hallar una que sí.

10/10

Aquí hay otra reseña de la novela
Una más aquí
Otra  aquí
Y también aquí

Y de aquí puede descargarse totalmente gratis. Para que luego no se diga que en tiempos de crisis lo bueno es inaccesible.