Disfrazada
de novela, El príncipe de la soledad es una poesía dedicada al heroísmo, al valor,
a la lealtad, a la amistad y, aunque muy discretamente, al amor. Leí en otra
reseña que es un libro ideal para recordar al héroe que en la adolescencia
todos llevamos dentro, y estoy totalmente de acuerdo, la novela revive ese
mundo fantástico con el que soñábamos
cuando alguna vez fuimos adolescentes, donde cabían las heroínas y los
héroes y siempre estaba presente ese
sentimiento tan difícil de hallar en nuestros peores momentos: el valor.
En la
mente, que no en el corazón, de un adolescente siempre existe el valor,
aunque sea sólo como una palabra, como algo inalcanzable, porque en esa época
se sueña con ser un héroe, y todos los héroes son valientes, o por lo menos eso
es lo que se cree, lo que a un adolescente le gusta creer. Hace falta valor a
veces para hacer lo que queremos hacer, y más valor para hacer lo que no
queremos hacer, aunque está mejor dicho por uno de los personajes del libro:
—No era lo que quería
hacer, pero era lo que tenía que hacer. Cuando las circunstancias te orillan a
hacer algo que no deseas, y no tienes la opción de evadirte, sólo queda hacer las cosas bien, sea lo que
sea.
El príncipe
de la soledad, Albram Dorogant, el personaje que le da titulo al libro, es un
joven solitario porque sencillamente, para aquellos que se ven obligados a tolerarlo, no debió
nacer. El resultado de esa hostilidad es un hombre con apariencia de ángel, muy
solitario, que a todos desprecia y cuestiona incluso las filosofías más
arraigadas, las que algunos creen incuestionables. Veamos:
—Creo que me habían hablado de ello, pero no
me ha interesado nunca —reconoció Albram—. La historia es una estupidez.
—Señor, la historia es muy importante —dijo
Bego más contrariado aún—, y más para un juez. El que la conoce evita cometer
los errores que ya se han cometido.
Albram rió en un tono que molestó a Bego, y
dijo:
—No se equivoque, general, los idiotas
cometerán siempre errores aunque conozcan a la perfección la historia.
Como
reflejan las líneas de arriba, Oderoll es un filósofo más que un novelista,
pero gracias a que ha sabido meter sin necesidad de forzar nada su filosofía en
los diálogos de sus personajes, también ha conseguido lograr una brillante
novela, digna de ser leída lentamente, porque ésta es literatura de la buena.
El
argumento de la novela gira alrededor de una especie de seres iguales a los
humanos, pero fuertes y muy sabios, aristócratas,
se llaman ellos, que tienen siervos,
seres un poco más débiles, a los que no tratan ni bien ni mal, pero les exigen
ciega lealtad y total ausencia de libre albedrío.
La sed de
los aristócratas sólo puede ser saciada con un agua especial, escasa, a la que
protegen como algo sacro. El problema inicia cuando el agua se termina.
Entonces sólo queda una opción: esa agua puede ser sustituida con la sangre de
los que ellos llaman inferiores, es
decir, los humanos, a los que nunca antes habían molestado, pero dadas las circunstancias…
Y eso le dio pretexto al autor para más filosofía, de la que se halla casi en
cada párrafo:
—Está justificado por la sabiduría nuestro
deseo de existir, pero no lo está el de atacar a los inferiores sin que ellos
sean nuestros enemigos. No se puede agredir a alguien que nunca te ha hecho
daño.
No creo que
haga falta decir que recomiendo este libro. Ya he dicho lo que tenía que -y
podía- decir de él. Revelar más detalles sobre el argumento podría ser un
crimen que algún lector tal vez no me perdonaría. He preferido citar sólo
algunas partes de esta obra filosófica y, por qué no decirlo, también maestra.
¿Qué es lo
mejor del libro?
Sencillamente... todo: los misterios, los muy bien diseñados personajes y, lo que a mí más me
gustó, la filosofía que el autor nos regala a lo largo de toda la novela.
¿Se lee
rápido?
Sí, es una
novela no muy extensa y engancha tanto que es difícil dejar de leerla.
¿Tiene
algunos defectos?
Ya ayer
reseñé un libro sin defecto alguno. Éste es otro. Y vaya que es difícil leer
dos buenos libros seguidos.
¿A quién
podría gustarle?
A
adolescentes y adultos, quizás por razones diferentes, y en general a
cualquiera que desee disfrutar de una extraordinaria novela.
¿Deja algún
mensaje?
Bastantes.
Ya cité algunas partes para dar una muestra de lo que le espera al lector.
¿Se
merecería ganar un premio?
Si esta
novela no se merece varios, sería difícil hallar una que sí.
10/10
Aquí hay
otra reseña de la novela
Una más
aquí
Otra aquí
Y también
aquí
