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viernes, 7 de diciembre de 2012

Booktrailer de El príncipe de la soledad


A mí particularmente me gustan mucho los booktrailers, que no son otra cosa que pequeños vídeos que promocionan libros. Desde hace pocos años empezaron a cobrar gran popularidad como una más de las muchas formas en que los editores y autores les dan empuje en el mercado a sus obras literarias.
Algunos son muy monos, no duran más de uno o dos minutos, tienen una agradable música de fondo, contienen ilustraciones que están dentro del libro y breves frases que lo describen a la perfección, resultado a veces mejor que una larguísima reseña que muchos no terminan de leer.
Hoy descubrí en el blog del autor Adam J. Oderoll el de su novela -que me enamoró hasta los huesos- El príncipe de la soledad. Las frases en primera persona son de Albram, el personaje más bello y desconcertante de la obra. En fin, ya no me alargo más, se los dejo a ver qué les parece:

                     

miércoles, 5 de septiembre de 2012

Test literario

Encontré en otro blog este test literario que me ha gustado mucho, así que decidí traerlo al mío e invitar a otras personas a que lo lleven al suyo. De paso aprovecho para seguir tratando de tomar continuidad en el blog, ya que por mil y una cosas no he podido dedicarle el tiempo que quisiera.

El último libro que he leído: El perfume, de Patrick Süskind.

Un libro que cambió mi forma de pensar: son muchos, pero por nombrar al que más me impactó diré que Vida y destino, de Vasili Grossman.

El último libro que me hizo llorar: Todavía no he leído un libro que me haga llorar. Es cierto que algunos sobre el holocausto me han consternado mucho, pero no recuerdo haber llorado, y no porque el tema no lo amerite, sólo que las lagrimas no son la única reacción a ese tipo de horrores.

Un libro prestado que no me han devuelto: Ángeles y demonios, de Dan Brown. Y no me he molestado en pedirlo.

Un libro prestado que no he devuelto: Pocas veces me prestan libros y cuando ocurre procuro leerlos rápido para devolverlos.

Un libro que volvería a leer: Son muchos, pero por mencionar sólo algunos: Romeo y Julieta, Los miserables y El Quijote (no creo que haga falta nombrar a los autores).

 El mejor libro de mi niñez: Alicia en el país de las maravillas, de Lewis Carroll.

El mejor libro de mi adolescencia: Cumbres borrascosas, de Emily Brontë.

Un libro para regalar a ciegas: No me gusta regalar a ciegas. Prefiero leerlo antes para saber que es un buen regalo. Mejor así, ¿no?

Un libro que me sorprendió para bien: El príncipe de la soledad, de Adam J. Oderoll.

Un libro que robé: Todavía no llego a eso. ¿Alguien ya?

Un libro que encontré perdido: Nunca me ha pasado tal cosa.

El autor del que tengo más libros: Pues creo que de García Márquez, Victor Hugo, Octavio Paz y Paul Auster.

Un libro que leo desde hace meses: Tengo algunos con los que simplemente no me he llevado bien. Cincuenta sombras de grey, de E. L. James, ya mejor lo dejé por la paz. No digo que no lo terminaré de leer nunca, pero de momento no pienso continuarlo. Me desespera.

Un libro que llevo tiempo queriendo leer: Muchos. Tengo una lista muy larga. Por ahora ando buscando, y no lo he hallado aún, La última en el cadalso, de Gertrude von Le Fort.

Un libro que prohibiría: Ninguno, por malo o absurdo que sea. Cada quien decide qué leer.
  

El próximo libro que voy a leer: Creo que será El monje, de Matthew G. Lewis. Me lo regalaron y pienso ponerme a leerlo. ¿Alguien ya lo leyó?, ¿alguna buena o mala opinión? Pregunto porque es un poco largo y no quiero enfrascarme en una lectura infructuosa.

jueves, 30 de agosto de 2012

Repasando a Adam J. Oderoll


De las pocas extraordinarias novelas que he reseñando en el blog, la última fue El príncipe de la soledad (gratis AQUÍ),  obra de aprendizaje con su correspondiente dosis de heroísmo que nos lleva a reflexionar sobre algunos temas filosóficos muy bien planteados.
Como en otras novelas que he repasado, podría citar casi cualquier fragmento, así que me costó trabajo decidirme. En la muy bien elaborada sociedad que el autor nos dibuja, el crimen de una persona no lo paga sólo ésta, no, lo paga toda su familia y de la peor manera. Lo siguiente es la charla de dos siervos sobre el castigo que recibió una familia de aristócratas sólo porque uno de sus miembros rompió las reglas. Veamos:

—Cuando irrumpimos en el palacio ya nos estaban esperando. La madre, el hermano menor, las dos hermanas, la esposa y el hijo que apenas era un bebé, toda la familia de Femlir estaba allí, vestidos elegantemente. Creo que habrían podido escapar, pero su nombre estaba destinado a ser víctima de habladurías y degradaciones, por eso decidieron morir. Evitaron hablar mucho con nosotros y nos obedecieron en todo sin protestar. Eran aristócratas de una antigua familia y se comportaban con dignidad. Jamás los escuchamos lamentar su suerte. Tengo que admitir que en esos momentos los admiré profundamente. Los subimos en tres carruajes y los llevamos hasta el límite del Círculo, donde les ordenamos que bajaran. Un soldado salió y se hizo una pequeña herida en un brazo. Pronto la sangre atrajo a los lobos. Escuchamos sus pisadas en la hierba. El soldado regresó y a la familia le ordenamos que saliera. Los vimos caminar en la oscuridad y… Supongo que lo demás ya te lo imaginas.

No he podido menos que sorprenderme mucho con esta novela. Jamás me imaginé que fuera tan buena, pero lo es hasta extremos alucinantes. Ojalá pronto ande por ahí una segunda parte que el autor nos sale a deber.

sábado, 7 de julio de 2012

El príncipe de la soledad, de Adam J. Oderoll


Disfrazada de novela, El príncipe de la soledad  es una poesía dedicada al heroísmo, al valor, a la lealtad, a la amistad y, aunque muy discretamente, al amor. Leí en otra reseña que es un libro ideal para recordar al héroe que en la adolescencia todos llevamos dentro, y estoy totalmente de acuerdo, la novela revive ese mundo fantástico con el que soñábamos  cuando alguna vez fuimos adolescentes, donde cabían las heroínas y los héroes  y siempre estaba presente ese sentimiento tan difícil de hallar en nuestros peores momentos: el valor.
En la mente, que no en el corazón, de un adolescente siempre existe el valor, aunque sea sólo como una palabra, como algo inalcanzable, porque en esa época se sueña con ser un héroe, y todos los héroes son valientes, o por lo menos eso es lo que se cree, lo que a un adolescente le gusta creer. Hace falta valor a veces para hacer lo que queremos hacer, y más valor para hacer lo que no queremos hacer, aunque está mejor dicho por uno de los personajes del libro:

No era lo que quería hacer, pero era lo que tenía que hacer. Cuando las circunstancias te orillan a hacer algo que no deseas, y no tienes la opción de evadirte,  sólo queda hacer las cosas bien, sea lo que sea.

El príncipe de la soledad, Albram Dorogant, el personaje que le da titulo al libro, es un joven solitario porque sencillamente, para aquellos  que se ven obligados a tolerarlo, no debió nacer. El resultado de esa hostilidad es un hombre con apariencia de ángel, muy solitario, que a todos desprecia y cuestiona incluso las filosofías más arraigadas, las que algunos creen incuestionables. Veamos:

—Creo que me habían hablado de ello, pero no me ha interesado nunca —reconoció Albram—. La historia es una estupidez.
—Señor, la historia es muy importante —dijo Bego más contrariado aún—, y más para un juez. El que la conoce evita cometer los errores que ya se han cometido.
Albram rió en un tono que molestó a Bego, y dijo:
—No se equivoque, general, los idiotas cometerán siempre errores aunque conozcan a la perfección la historia.

Como reflejan las líneas de arriba, Oderoll es un filósofo más que un novelista, pero gracias a que ha sabido meter sin necesidad de forzar nada su filosofía en los diálogos de sus personajes, también ha conseguido lograr una brillante novela, digna de ser leída lentamente, porque ésta es literatura de la buena.
El argumento de la novela gira alrededor de una especie de seres iguales a los humanos, pero fuertes y muy sabios, aristócratas, se llaman ellos, que tienen siervos, seres un poco más débiles, a los que no tratan ni bien ni mal, pero les exigen ciega lealtad y total ausencia de libre albedrío.
La sed de los aristócratas sólo puede ser saciada con un agua especial, escasa, a la que protegen como algo sacro. El problema inicia cuando el agua se termina. Entonces sólo queda una opción: esa agua puede ser sustituida con la sangre de los que ellos llaman inferiores, es decir, los humanos, a los que nunca antes habían molestado, pero dadas las circunstancias… Y eso le dio pretexto al autor para más filosofía, de la que se halla casi en cada párrafo:

—Está justificado por la sabiduría nuestro deseo de existir, pero no lo está el de atacar a los inferiores sin que ellos sean nuestros enemigos. No se puede agredir a alguien que nunca te ha hecho daño.

No creo que haga falta decir que recomiendo este libro. Ya he dicho lo que tenía que -y podía- decir de él. Revelar más detalles sobre el argumento podría ser un crimen que algún lector tal vez no me perdonaría. He preferido citar sólo algunas partes de esta obra filosófica y, por qué no decirlo, también maestra.

¿Qué es lo mejor del libro?
Sencillamente... todo: los misterios, los muy bien diseñados personajes y, lo que a mí más me gustó, la filosofía que el autor nos regala a lo largo de toda la novela.
¿Se lee rápido?
Sí, es una novela no muy extensa y engancha tanto que es difícil dejar de leerla.
¿Tiene algunos defectos?
Ya ayer reseñé un libro sin defecto alguno. Éste es otro. Y vaya que es difícil leer dos buenos libros seguidos.
¿A quién podría gustarle?
A adolescentes y adultos, quizás por razones diferentes, y en general a cualquiera que desee disfrutar de una extraordinaria novela.
¿Deja algún mensaje?
Bastantes. Ya cité algunas partes para dar una muestra de lo que le espera al lector.
¿Se merecería ganar un premio?
Si esta novela no se merece varios, sería difícil hallar una que sí.

10/10

Aquí hay otra reseña de la novela
Una más aquí
Otra  aquí
Y también aquí

Y de aquí puede descargarse totalmente gratis. Para que luego no se diga que en tiempos de crisis lo bueno es inaccesible.