Creo que en
estos tiempos ya no se vende una reseña de Cien
años de soledad. Todo mundo se sabe la novela aunque no la haya leído,
solamente quizás porque se la contaron, porque leyó una monografía del autor
donde se reseñaba su obra magna o porque algún día en una librería leyó la
contraportada sin comprarse el libro.
Si la
familia Kennedy es la más conocida de Norteamérica, sin duda la familia Buendía
lo es de Latinoamérica. Todos recordamos al soñador y un tanto desequilibrado
patriarca, José Arcadio, a su viril hijo, con quien compartió el nombre, al
extraño coronel Aureliano, quien por más que busca jamás halla su lugar en el
mundo, a la arrogante Fernanda, y al último infeliz Aureliano, heredero de los
cien años de soledad de su familia.
Pero no
porque nos la sepamos de memoria, la novela deja de ser un tema atractivo. Está
rodeada de detalles interesantes que complementan la historia. Hace poco leía
algo respecto a los antecedentes de su publicación. La primera edición constó
de 8.000 ejemplares que se vendieron en unos cuantos días. Y ese antecedente no
deja de ser bastante interesante si lo analizamos a fondo. Nos indica, por
ejemplo, que el hecho de que sea un superventas no se debe a su gran calidad,
sino al marketing, como con cualquier otro libro.
Al parecer Cien
años de soledad fue una novela muy
promocionada desde antes de que saliera a la venta. Los diarios y revistas de
España e Hispanoamérica le abrieron las puertas al libro con una intensa
campaña. Los lectores ya la esperaban, por eso se vendió tan rápido la primera
edición. Así pues, queda claro que no hay novela, por buena que sea, que se
venda si no se acompaña su salida a la venta con una muy costosa campaña propagandística.
